jueves, 4 de noviembre de 2010

ULTIMA CARTA

JOSUE

Cuantas veces nos cruzamos con personas en común,
creo que no es nuestro tiempo, nunca será nuestro tiempo,
somos un par de extraños que se creyeron el cuento,
somos simplemente desconocidos;
pero el ron oscuro y la cerveza nos acerco en un punto,
en un cruce de caminos,
así se debe sentir esperar el fin del mundo en una noche fría;
al menos tengo una bufanda de lana virgen,
y tu probablemente tengas al lado un abrigo de pieles.
Me queda por decir que, salvo esa horrible madrugada,
tengo unas hermosas palabras que quisiste regalarme un día,
es lo que me llevo de ti, y te dejo las mías,
y un guante verde que espero haga juego con el bolsillo de tu abrigo.


FEDERICO

No sé como empezar a despedirme, porque nunca  pensé que pasaría,
estuve acá, perdida completamente durante algunos meses, largos meses.
En el rinconcito de mi cuarto que juré no entregarle a nadie estabas tu,
con tu preciosa cara de niño malcriado, tu pelo en desorden y una chaqueta verde;
estabas abrazándome bajo un árbol viejo frente a ese enorme edificio,
¿lo recordaste? porque yo tengo esa imagen en mi mente,
pero hoy voy a sacarla de mi rincón.
Algunas veces estropeé tus ganas de amarme,
algunas veces estropeaste mis ganas de amanecer contigo,
fuimos un par de payasos en quiebra, fuimos amuletos sin mucha suerte,
sin embargo caminamos juntos tantas veces como fue posible;
vimos tantos atardeceres, tantas madrugadas, tanto tiempo...
Y es así como todo al final se reduce a nada;
acá parece otoño,  me gusta el otoño, me recuerda el sabor del amarillo,
me recuerda el grito desesperado de un caballo,
y el olor de la esencia de vainilla que se usa en los postres.
Adiós noble Federico.


AMADOR

Ayer vi tu fotografía, parecía que querías decir algo, algo importante.
Crucé por el puente levadizo de la calle vieja, y oí un rumor que me trajo de nuevo tu nombre;
ahora eres un hermoso recuerdo de algo que jamás pasó
pero que a los dos nos habría dado mucho mas.
ya casi es hora del café cargado y el cigarrillo,
y yo sigo aquí, escribiendo una ultima promesa,
un ultimo respiro para ti,
te amé,
te amé de lejos,
te amé en silencio,
te amé sin opciones.
Ahora, ahora envío violetas y un cisne negro a tu nombre,
ah, y un pequeño libro que te cuenta hacia donde van los finales.

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